18 agosto 2010

Cronicas de un cafesito.

A mitad de una temporada bastante aburrida, me tope con la invitación de una amiga a tomar un café, durante la noche previa en un arreglo concretado vía web acordamos que a las 4pm del día siguiente nos veríamos con el humilde fin de hacernos mutua compañía.

Parece no importar mucho o simplemente no parecer el plan más exótico que se nos pudiese ocurrir, simplemente nos hicimos falta el uno al otro, como suele sucederme parece que mi agenda no está repleta de planes insólitos, muy entretenidos e incluso suele pasar que la ausencia de planes predomina en mis semanas.

Los afortunados citados para este sencillo encuentro resultamos ser la espontanea Ericka, a quien llamaremos “Kiki la mala” y quien ahora les escribe.

Llegue de la mano con mi imperecedera impuntualidad, cosa que parece ya no importarle a “Kiki la mala”, a lo que le siguió un caluroso saludo, con las sonrisas que delatan el alivio de vernos me senté en la silla de un cómodo café que ha resultado bastante popular entre personas que conozco y otras que no conozco, un delicioso té era lo único que acompañaba a la cándida señorita que ahora estaba a mi lado. Con las típicas anécdotas del porque llegué tarde y el clásico “no importa, yo estaba haciendo otra cosa” comenzó la tan sabrosa conversación, entre irrelevantes comentarios que sirvieron de antesala a la cita le robe un sorbo de té a su vaso, pues el calor vespertino era notable; cosas que no importan y de alguna manera se convierten en la mejor manera de romper el hielo, tonterías acerca de los videos de reggaetón, comentarios que se han hecho cientos de veces pero que por cortesía los escuchamos una vez más, fueron los prólogos que ambos fabricamos para esta velada.

A la mesa se sumo una amiga de “Kiki la mala”, quien llego con una sonrisa y un hambre tremenda, sin vacilar se abalanzo a la barra a pedir algo de comer y en nuestra espera se trajo a colación algunos problemas que para mi fueron interesantes, como suele pasarnos, preferimos escuchar problemas ajenos simplemente por el hecho de que no son nuestros y no debemos cargar con ellos. Sin preguntar mucho como suelo hacer, lance una solución al aire o más que una solución un simple consejo que nos abrió las puertas a otro tópico, la idea era que todos nos sintiéramos tan bien como era posible.

De un momento a otro el dúo se hizo un trío y si… lo digo con toda la mala intención que puedo, pero me refiero a un trío de compañeros en busca del mejor tema de conversación posible; afortunadamente eso no significo un gran problema, pues la cosa se estaba poniendo buena. Entre uno y otro cigarro la conversación se hacía cada vez más amena, afortunadamente las inhibiciones se evaporaron y comenzamos a conversar de algunas cosas que la gente en general prefiere no hablar, con ejemplos al aire y situaciones hipotéticas lográbamos asentir con la cabeza de cuando en cuando. Sin yo esperarlo la mesa se copo de gente, otro pana de “Kiki la mala” llego y bueno sin más que decir comenzamos a hablar de lo único que tuvimos todos en común, Ericka. La magia duro muy poco cuando sin darnos cuenta comenzamos a hablar de la playa, anécdotas etílicas y una que otra broma ocasional, dándole al momento un aire refrescante que no ceso rápidamente.

Como era de esperar la velada llegaba a su fin, y con billetes en mano todos cancelamos nuestra deuda y nos levantamos a seguir con nuestras vidas. “Kiki la mala” y yo seguimos caminando un rato hablando de, de…de… de muchas cosas, cosas que no recuerdo ahora.

El caso es que la cosa pintaba muy bien, una sonrisa se dibujo en nosotros pues habíamos logrado salir de la tan desagradable rutina que normalmente nos consume a todos, al final “Kiki la mala” tomo su camino y yo el mío.

Tal vez esta sea una pequeña historia que no diga mucho, de que paso, paso, pero lo importante es que estos son momentos que sin muchas pretensiones nos alivian enormemente de las dolencias del tedio, la única desventaja es que nos deja queriendo más.

Un comentario que le hice a “Kiki la mala” termino haciéndonos pensar, a lo que decidí mostrarle un retazo que escribí una de esas noches que simplemente no fueron tan buenas.

“Compro tu insípida compañía con un trago, sin que desperdicies la oportunidad fabricamos una relación que regamos con licor, dando flores que huelen a nada y de tan frágil espíritu con la confianza entre ambos.

No dejemos de buscarnos, pero solo cuando no hay nadie más, como el interés que prodigamos sobre otros, pues no conocemos nada distinto. Inventemos un puente que se caerán sin que alguien llore sus restos y aplaudamos los instantes que escribimos en un contrato que se secara tan pronto lo hagan los vasos de todos.”

Igor Terán.

En estas vacaciones todos a tomarse un café, con un amigo, con un enemigo o con algún extraño que no sea un imbécil, lo más importante es pasar ese ratico que se puede hacer una costumbre que nos salve la patria. Muy sabrosa la tarde. Señorita Ericka muchas gracias.

(De lo que no me acordaba: hablábamos de los niños que lloran cuando ven a el pato Donald en persona)

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