
Jorobados y egoístas.
Siento que vivo en un mundo que no es mío, un mundo que no es mundo, con calles que no entienden de razones, razones que no me conocen, tan indiferentes como las personas que me rodean y dicen conocerme sin haber visto jamás a los demonios que he construido con la ayuda de los horrores que este mundo ha fabricado. Que silencio ronda en las esquinas de las calles y personas que deambulan temerosas de encontrarse a si mismos, viven en casas sin espejos pues a lo que mas temen es a verse a la cara y entender que están vacios, cuerpos que carecen de almas, almas que esperan un ser vivo que habitar y existen en un purgatorio tan apabullante como aquella ciudad que no encuentra el brillo de sus ojos.
Los ojos han sido arrancados sin pensarlo, por el egoísmo que les pesa cada día más, provocando en todas las espaldas jorobas que deforman los ya amorfos cuerpos que adornan la ciudad perdida, el pueblo sin pueblo.
Los veo desde arriba pues yo si estoy erguido gracias al veneno que ahora corre por mis venas. Un veneno que me hace mirarlos con desdén, yo tengo algo que ellos no conocen, tengo las lagrimas que ellos jamás lloraron, el dolor que ellos jamás padecieron, la amargura que ellos desconocen por estar ciegos en un mundo tan negro como alguna vez lo será mi alma. Algún día encontrare aquello que me falta, aquello que necesito para seguir adelante y salir de la ciudad de la furia que nombro algún músico, esa sensación con figura de mujer que dibujo todos los días y que no tiene nombre, con los ojos que me hagan mirar a mi alrededor y encontrar algo de bondad y abandonar las ganas de huir de aquí.
I.T
Una salvación curvilínea, cual montañas extendidas entre carreteras negras...
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